Egan Bernal agitó el corazón patrio con su homenaje en Zipaquirá

Durante dos horas, el campeón del Tour de Francia ofrendó su triunfo a los colombianos con la camiseta amarilla que volvió a emocionar al país.

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Por un par de minutos el paseo triunfal que coronó a Egan Bernal en los Campos Elíseos de París el domingo 28 de julio, se extendió a una de las calles contiguas a la Plaza de Los Comuneros. Ahí, en su propia casa y con el afecto más íntimo llegó pedaleando en la bicicleta con la que dominó Los Alpes entre la nieve y la lluvia.

Una entrada por la que esperó una semana y media en Europa, para al fin, levantar ante todo el país ese trofeo amarillo que simboliza toda la historia ciclística nacional que construyeron sus héroes, los primeros a los que agradeció.

Uno a uno lo abrazaron. Fabio Parra, Mauricio Soler, “Lucho” Herrera, “Zipa” Forero, “Cochise” Rodríguez. “Gracias por permitirnos soñar que un día íbamos ganar el Tour de Francia", dijo el juvenil de 22 años.

La Pinarello F12 con la que construyó su hazaña lo acompañó a un costado de la tarima desde la que agradeció, se emocionó, recordó, saludó y cayó en cuenta que aún no dimensiona lo que logró.

"No me he dado cuenta que gané el Tour de Francia", reconoció.

Colombia rendida a su talento, atendió con fervor su discurso natural, sencillo. Muy cercano.

“No necesito más motivación que sentir el apoyo de un país. Hay Egan para rato. Quiero montar en bicicleta hasta que pueda.  Espero ganar otro Tour pero hay que ir con los pies en la tierra”, declaró.

El pueblo amarillo que lo acompañó en cada rincón del país, aplaudió el reconocimiento que hizo a Nairo Quintana.

“Tenemos que sentirnos muy orgullosos de él. Es Nairo, de los ciclistas más importantes, sino el más importante que hemos tenido en Colombia. Lo que él ha hecho es muy importante para el país. Claro que él puede ganar un Tour de Francia, lo que pasa es que queremos que todo sea ya, hay que esperar, hay que ir con calma”.

Dos horas de conversación en la que invitó a soñar a los jóvenes para quienes pidió más respaldo.

"Cuando yo era niño, soñaba con ganar una carrera grande. Ellos también derecho a soñar, a tener esperanza. Si nosotros pudimos, ellos también. Crean, sean felices en la bicicleta”, añadió.

Al final honró a sus maestros que con cariño incondicional lo moldearon como campeón. Su infancia como ciclomontañista, el paso a la ruta, los primeros kilómetros en Europa.

Ahora, con la gloria puesta llevó a su tierra el logro por el que muchos colombianos hicieron fuerza desde 1984. Ese amarillo tan cercano y que dijo que nos pertenece. Egan agitó el corazón patrio.

Las gracias son para siempre.