Disfrutar de la victoria, el privilegio de una generación afortunada

Pocas veces y en tan corto tiempo el deporte colombiano escaló hasta los máximos triunfos. Un momento para valorar y multiplicar la confianza en los procesos y plazos de desarrollo.

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El himno nacional que sonó en París acompañado por las voces colombianas entre lágrimas por el título de Egan Bernal en el Tour de Francia, hermanó al país. Un par de minutos que pusieron pausa a esa costumbre de comparar hazañas y determinar por capricho propio cuál es nuestro deporte nacional.

Esa opinión gobernada sin filtro, deformó la emoción genuina por la conquista del juvenil de 22 años. Un momento histórico se contaminó con reproches a otros de nuestros deportistas, con culpas a la Selección Colombia y con expresiones de rabia justificadas por títulos están en construcción.

Esos mismos colombianos señalados, como pasó con Nairo Quintana antes de su victoria en la cima del Galibier el jueves pasado, son resultado de esfuerzos propios y solitarios que derrotaron la indiferencia. Historias de superación que antes de condenarse deben festejarse y agradecer.

En los últimos cinco años Colombia clasificó a dos Mundiales de fútbol y aseguró top 10. Nacional ganó la Conmebol Libertadores, Santa Fe la Sudamericana, Mariana Pajón repitió oro olímpico, Caterine Ibargüen besó la primera medalla de oro olímpica en atletismo, el boxeo despertó de la resignación, el fútbol femenino reclamó su espacio y avisó que por más, Juan Sebastián Cabal y Robert Farah fueron campeones del dobles en Wimbledon...

La lista es larga y nos curó de ese eterno consuelo de campeonatos morales que tanto nos amargaron. Premios simbólicos que junto con golpes en la espalda sirvieron como refugio mientras envidiábamos triunfos ajenos.

Esta es una generación de colombianos privilegiados que levantan los brazos con sus deportistas cuando nos dedican sus trofeos y medallas. Vale la pena disfrutar, pero también mantener la confianza cuando hay derrotas. No hay que olvidarlo.

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