Opinión: El título de Gamero con Tolima valida la fe en los procesos

Necesitaba que fuera así. De visitante, ante el favorito, contra ese Nacional que en los últimos cinco minutos dejó su condición de indestructible porque su equipo lo encerró en su área a pura convicción.

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Alberto Gamero se repuso a eso y más en esta final en Medellín que ahora certifica para los que lo miraron con sospecha, su experiencia, su preparación y su capacidad de trabajador de perfil bajo.

Hace un año dirigió a su primer grande. Fue a Junior y lo sacaron en tres meses. La paciencia siempre pierde ante los procesos. Viajó a Europa, se capacitó y ratificó su fe en el 4-3-3.

Volvió al Tolima que en las semis sacó a Nacional con Lillo a bordo. Para este torneo rearmó a su nómina y encontró la mejor versión de Rafael Robayo, Santiago Villa y el portero Alvaro Montero. Presión alta, intensidad, recuperación feroz en la mitad. Ese fue su manual del campeón. El proceso siempre tiene la razón.

Diez años después, festeja su segundo título de liga colombiana. Un premio justo a su trabajo en un equipo con el que encontró su lugar en el mundo.

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