Santa Fe y Millonarios, por fin y con justicia

Mientras todos estábamos obnubilados por los destellos individuales de Yimmy Chará y Teófilo Gutiérrez en el Junior, o con las promisorias ruedas de prensa de Juan Manuel Lillo que nunca llegaron al verde césped, Gregorio Pérez, Miguel Ángel Russo y sus súbditos edificaron su paso a la final, ladrillo a ladrillo, con poca resonancia, pero con la convicción de un predicador, y con muy poco que reprochar en la construcción de ese camino.

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En un deporte que desconoce, sin piedad la justicia, leones y embajadores fueron la excepción a la regla de los merecimientos en el planeta fútbol. Santa Fe siempre anduvo allí coqueteando con el primer lugar. Tuvo que sudar petróleo para sobreponerse a las adversidades en el recorrido; los soldados que fueron cayendo fecha tras fecha. Se sobrepuso a ello con su magistral plan B, la maldita pelota que para ellos es la bendita pelota quieta. Vía, por excelencia, de sus más recientes conquistas. Además tuvo momentos de incertidumbre, relacionados con la corta extensión de su nómina, y a esa situación también le hizo frente con el ADN uruguayo de su entrenador que dio continuidad al estilo charrúa; equipos equilibrados a los que no les sobra brillo, pero no les falta vehemencia para ser solidarios, para sacrificarse y para ganarte sin que te des cuenta cómo.

Santa Fe es hasta acá una divisa que no corre riesgos innecesarios. Tiene una defensa cuyos laterales pasan a cuenta gotas de la mitad de la cancha, pero con los caballos del medio campo y su apartado más ofensivo, generan el suficiente volumen de ataque para vencer la portería rival y después defender la suya con la pasión de un joven enamorado, como diría su Santidad Francisco. No olviden, además, el as bajo la manga. Ómar Pérez con lo último del tanque de reserva para generar choques emocionales, o esas pelotas vitales en los últimos metros que te cambian la historia de un juego.

Millonarios en la otra vereda es todo potencia, a veces desconociendo la pausa como una de las velocidades más importantes del fútbol. Cuando la encuentra, gana enteros en cuanto a la belleza de su producción, y para llegar a ese estado fue vital la paciencia y la confianza en su conductor. Y comprendieron el éxito de su labor de tal manera que le renovaron con mucho tino por dos temporadas más. El embajador, es como una jauría, sale a atacarte y logra herirte tarde o temprano. En su columna vertebral Vikonis es la primera pieza ¿Se irá el uruguayo?, permítanme extrañarme al máximo si se marcha. Después, los laterales son agresivos tanto en propio campo como en el rival. Posiblemente sus centrales son uno de los puntos flacos, pero su pasión es irrefutable. De ahí en más, tácticamente los volantes de contención soportan el ida y vuelta, y le permiten a los extremos tomarse las licencias de atacar sin descanso. Macalister Silva, a mi gusto ha sido el líder natural en las acciones de ataque, conector de tanta velocidad, cerebro de las ideas azules que terminan en los goles de Ayron del Valle, con la complicidad de un laborioso Riascos, que sigue en deuda. Harold Santiago Mosquera, come aparte, es el salto de calidad, con todavía la necesidad de ser pulido.

Por donde lo miren está apretado. 22 triunfos de cada uno en torneos cortos, y 22 empates. Misma cantidad de goles, y por primera vez una cita finalista de ambos decorando el Campín. Alquilen balcón y no se animen con tanta facilidad a dar un candidato. Es sin duda una final como una moneda puesta al viento. Ambos le escapan al rol de favorito en la batalla mental, pues en el papel todo está muy igualado.

Eso sí, y con esto me despido: independiente de quien sea el campeón señores directivos para la Conmebol Libertadores Bridgestone, los dos equipos necesitan refuerzos de peso para competir en el concierto internacional. Allí es a otro precio.

Por: @DanielAnguloR

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