La imperdible historia del delantero de Rampla Juniors que trabaja en un cotillón

A sus 27 años, Ignacio Panzariello disfruta de su vuelta al fútbol y se ilusiona con nuevos objetivos cumplidos vistiendo los colores de Rampla Juniors.

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Protagonista de uno de los goles de la fecha el fin de semana pasado, Panzariello confiesa que situaciones como aquella le dan nuevas esperanzas para su carrera deportiva que hoy alterna con su otro trabajo.

Y es que, tras sus inicios en Carabelas de Brazo Oriental, un breve paso por las inferiores de Nacional y otras experiencias en Bella Vista, Huracán, Central Español, River Plate y Racing, el fútbol le presentó la posibilidad de probar suerte en el Carchá de Guatemala, en donde según él mismo cuenta atravesó una situación complicada.

A los seis meses, rescindió el contrato en Centroamérica y volvió a Uruguay en búsqueda de otro club, mientras iniciaba su carrera laboral en un cotillón gracias a un amigo: “Volví, estuve sin equipo y me puse a laburar, no quedaba otra”, confiesa Panzariello al respecto a lo que enseguida añade, “Yo había jugado con Martín Alagia, que tiene un local en Villa Muñoz con Eduardo Ballini, que también jugó al fútbol, y me puse a laburar con ellos. Siempre les trabajaba en la zafra y quedé fijo. Es una tienda de venta de cotillón y en las zafras hacen ventas de fuegos artificiales. Ellos me dan la posibilidad de priorizar el fútbol y luego trabajar, voy de 13 a 18”.

El futbolista, es también instructor de sala y entrenador personal, en donde ejerce cada vez que le dan sus tiempos, en un nuevo estilo de vida que según cuenta le abrió los ojos a muchas otras cosas. “A veces te achanchás porque tenés un contrato a los 19 años, cobrás bien, comprás la ropa que querés... Pero nunca sabés. Te estancás, te empieza a costar y ves que la vida sigue de largo”.

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